Francisco in mundus: ilícitos financieros y transparencia

Juan Félix Marteau Abogado y doctor en sociología. Fue representante argentino ante GAFI

Una iglesia pobre y para los pobres es una máxima ética-religiosa orientada a guiar la acción evangelizadara de la Iglesia desde la recuperación de valores cristianos centrales como la austeridad, el servicio y la trascendencia. Bien entendida es, además, una consigna teológica-política que define un campo de hostilidad concreta contra los grupos de interés que han hecho prosperar, en el corazón de la Santa Sede, la lógica de fuerzas a veces obscenas, mezquinas y autorreferenciales.

Francisco tiene plena conciencia del sentido de sus palabras. Durante su función como Arzobispo de Buenos Aires, pudo percibir la práctica corruptora que ejerció las mafias en el Estado y la sociedad argentina. A partir de esa experiencia y ponderando los nuevos desafíos que tiene como Santo Padre, es muy seguro hoy que se encuentra ponderando cuál es el tenor de la estrategia institucional para desarrollar el mitigar o erradicar los oscuros negocios que pueden condicionar el ejercicio de su Pontificado y , a la vez, conjurar la réplica de enemigos muy hábiles y poderosos.
Benedicto XVI, que abogaba por la globalización de un código de ética común, los primeros pasos hacia la adopción de reglas internacionales basadas en la protección del sistema financiero y el cuidado del orden público. Bajo su mandato, la Ciudad del Estado del Vaticano sancionó la Ley del Nº CXXVII que criminaliza los crímenes financieros (luego reformada por el Decreto CLIX) y, a través de un motu proprio del 30 de diciembre de 2010, extendió la vigencia de esa norma a la Santa Sede. Además, creó la Autoridad de Información Financiera (AIF), con el fin de realizar inteligencia sobre operaciones de lavado de activos y financiación del terrorismo.
El resultado de esas acciones llevó a la Santa Sede, junto con el Estado de la Ciudad del Vaticano, ingresó al Sistema de Evaluaciones Mutuas del GAFI, a través del organismo regional europeo MONEYVAL. Este producido, en 2012, el primer Informe sobre el cumplimiento de los estándares internacionales, determinado en las recomendaciones de 2003. Los principales reparados sobre esta economía de tipo estatal cuasi monopólica tienen que ver con los altos niveles de transacciones en efectivo, con el enorme volumen de transferencias a todo el mundo, incluidas las jurisdicciones con pequeños sistemas de monitoreo, y, además, con la escasa información sobre los movimientos económicos de las principales organizaciones sin multas de lucro.
La conexión de la Santa Sede y la Ciudad del Vaticano con el sistema internacional de control de lavado de activos y financiamiento del terrorismo realizado por Benedicto XVI es positivo, pero todavía limitado. Del Informe de MONEYVAL resulta evidente que hasta ese momento se ha logrado una implementación solo formal de las herramientas para identificar el uso de dinero crítico.
Desde mi punto de vista, Francisco debe profundizar la apertura de la iniciativa internacional por su antecesor con el objetivo de alcanzar resultados concretos en la detección de actividades que tiene capacidad de comprometer su gobierno.
Una medida que genera buenas y rápidas repercusiones podría ser el requerimiento de asistencia técnica gratuita a los organismos internacionales especializados, los efectos de desarrollar una Estrategia Integral para la prevención sistemática de ilícitos financieros. Esto conduce al desarrollo de una verdadera evaluación de riesgos que permiten medir con precisión la naturaleza de las amenazas (la clase de delitos económicos que tienen por objeto la riqueza de la Iglesia), las vulnerabilidades que presentan los mecanismos necesarios al control de las mismas ( la debilidad de las normas e instituciones disponibles y la magnitud del impacto (incluido el costo de legitimidad) que estos factores producen en el dominio eclesiástico.
Con el apoyo de las agencias internacionales y un correcto análisis de riesgos, el Sumo Pontífice podrá montar un equipo en consejeros de alto nivel comprometidos valorativamente con la consigna papal enunciada. Esto podría dar mayor racionalidad técnica a las decisiones del Consejo Cardenalicio y de la AIF en materia de operaciones y beneficiarios dudosos, en particular, cuando se trata de actividades desarrolladas por el Instituto de Obras Religiosas y la Administración del Patrimonio de la Santa Sede.
En cualquier caso, el soporte conceptual no vendrá ni del neoliberalismo económico, ni del neoprogresismo populista, sino de la Doctrina Social de la Iglesia.
El punto de condensación de estas medidas mundanas es finalmente la determinación de un umbral de transparencia sobre el mundo del dinero y la riqueza de la Iglesia, lo que permite a Francisco fortalecerse en la suprema misión apostólica de cargar la cruz para la salvación de los más necesarios.

Publicado en Cronista.com